
Una boda, una familia y un estilo naturalista que mola: Jonathan Demme se saca de la manga una película baja en calorías, pero muy sabrosa. Por Ó. B.
Me encantan las bodas. Es el único lugar en el que te está permitido ponerte ciego hasta las trancas delante de tus padres sin que pase nada. Para bodas, la que nos presenta Jonathan Demme, un casamiento que sedujo a la crítica del festival de Venecia por su naturalismo y cercanía los postulados del género documental. Como se deduce del título, este relato nos muestra las interioridades de la preparación de una boda, pero con todas las tensiones, diferencias y demonios que puede haber en una familia bastante peculiar. Los que hayan visto Celebración de Thomas Vinterberg seguramente reconocerán al rastro odorífero del movimiento dogma en este film. Al parecer Demme convirtió el set en un campo de pruebas: sin encuadres planificados, con gran libertad de movimientos, música en directo, y con una cercanía espectacular al realismo promulgado por los “dogmáticos” daneses. Y la verdad es que los resultados son bastante satisfactorios. La película fluye, funciona. Se nota que Jonathan Demme sabe conducir perfectamente a los actores por los imprevisibles cauces formales de la obra. Ah, y lo más importante, en el reparto encontramos a la deliciosa actriz Anne Hathaway en el papel de una ex yonqui. Lo de esta chica me trae por el camino de la amargura: es lo que tiene estar perdidamente enamorado de alguien; de esa persona te gusta todo, como el cerdo (con perdón por la desafortunada comparación). Buena película.
LA BODA DE RAQUEL (Rachel Getting Married) Director: Jonathan Demme. Con Anne Hathaway, Rosemarie DeWitt, Mather Zickel, Bill Irwin. Estados Unidos, 2008. Comedia naturalista. 1h53. Estreno: 31 de octubre. www.sonyclassics.com












